DOS: EGOTECA DE LA RELATORA
Egoteca: es ese archivo que alimenta el ego y del que solía hablarnos el maestro Miguel Donoso Pareja en el Taller de escritura que por años sostuvo en el Banco Central, y del que tuvo la suerte de ser parte quien relata. Todo aquello que saliera en la prensa o cualquier otro medio de comunicación o difusión debía ser guardado para alimentar ese archivo del ego. Efectivamente, así como se re-visa un álbum de fotos y se re-memoran momentos, rostros y sensaciones, hurgar en la carpeta donde se han ido guardando estas pistas de lo que se ha hecho a lo largo de los años, recoloca en el cuerpo la sensación de no haber vivido en vano, de haber errado y de haber acertado. Obras, montajes, encuentros y proyectos que llegaron a ser ejecutados y que son parte de la vida de la relatora se colocan aquí con el afán de crear un archivo para el ejercicio de re-cordar, o sea volver a pulsar las cuerdas del corazón. Recordemos que sin archivo no hay genealogía.
Archivo: Lugar o dispositivo donde se guardan cosas, pueden ser objetos, textos u otros registros visuales y/o sonoros, incluso electrónicos, con la intención de inventariar, conservar, documentar, ser ayuda memoria, testigo mudo mientras no se lo active.
Todos los juegos de té de delicadas tacitas y platitos que conserva mamá y que le fueron regalados por su boda son una modesta colección no de loza familiar sino memoria de una infancia solitaria en la que podía la relatora pasar horas mirando aquella pantalla que eran las puertas de vidrio del aparador del comedor, espacio prohibido para el juego, imaginando entretenimientos de damisela inglesa, dando vida a las figuras chinas que adornaban las piezas. Fueron sus primeros ejercicios coreográficos. Cada tanto podía tocarlas, eran delgadísimas, aprovechaba cuando la señora que ayudaba en la limpieza las lavaba. Era un archivo prohibido por frágil y hermosamente inútil. Nunca nadie vino a tomar el té. Un día le dijeron que las heredaría.
¿Es esta egoteca un archivo inútil o hay una yo coleccionista que pretende que sus piezas cual tazas de té sean herencia para quien viene después? Vivimos en una ciudad donde todos los días inauguramos lo mismo, una urbe acusada de improductiva cultural y artísticamente, un puerto desmemoriado, desmemoriado de tanto ver ir y venir barcos, ya para qué despedirse, ya para qué esperar. Los barcos se van por sus aguas a las que mejor les damos la espalda. Contra ese estado tristísimo deja la relatora aquí su grano que cayó en el reloj de arena que sostiene hace siete semestres universitarios. Nos gusta la idea del reloj porque los granos que circulan por el mismo son un excelente ejemplo de sistema complejo. Este concepto es explicado por algunos autores que coinciden es que se caracteriza por tener muchos elementos que interactúan entre sí de maneras auto organizadas, ricas, diversas e impredecibles, pero que cuando uno de ellos cambia o es afectado por algo todos los demás también se afectan. Se afecta todo el conjunto. Esta interrelación hace que surjan acciones y comportamientos nuevos cada vez y que algunos sean sorpresivos. Queremos creer que la producción cultural de esta ciudad es un sistema complejo y, como veníamos diciendo, nuestro hacer un grano apenas. Por tanto esto no es un atlas, no es una enciclopedia, quizá sí un pequeño repositorio, más bien tan solo un pedazo de vida que cae por el delgado tubo de cristal con el correr de los segundos. Queremos creer que si algo nos afecta, se afecta el conjunto.
Imposible no recordar la escena de “Marque una x donde le duela el alma”, del maestro Lucho Mueckay (podríamos asegurar que se trata de esta obra, la falta de archivos públicos nos hace aventurarnos sin verificación) En ella el personaje de un viejo actor, olvidado y venido a menos, revisa con manos temblorosas su álbum de fotos y recortes de épocas gloriosas, vítores se escuchan de fondo, hace la venía a un público de fantasmas, él mismo parece serlo. La relatora se imagina sola en un geriátrico recibiendo a una estudiante de arte que ha descubierto que sigue viva y viene en busca de este archivo. Confiesa esto porque este acápite se llama egoteca. Déjenla soñar con el ego henchido por cada segundo que pudo crear y compartir aunque no siempre haya habido vítores.
A veces olvidamos guardar, a veces olvidamos lo que guardamos, otras estamos seguras de haber guardado y no encontramos, son las trampas del ejercicio archivero.