Parerga: A MODO DE INTRODUCCIÓN

¿Qué le pasa a Lupita?

No sé

¿Qué le pasa a Lupita?

No sé

¿Qué le pasa a esa niña?

No sé

¿Qué es lo que quiere?

Bailar

¿Por qué ella no baila?

Su papá

¿Qué dice su papa?

Que no

¿Qué dice su mama?

Que sí

Que baile esa niña

Sí, sí

Que baile Lupita

Sí, sí

¿Qué quiere bailar?

Mambo, sí, sí, sí…

¡Ah, uh!

 

 

Van estas letras desordenadas, a ratos pretenciosas y a muchos ratos perdidas, para todas las Lupitas del mundo. A aquellas niñas, jovencitas, mujeres y señoras, como yo, que la gente no sabe qué les pasa. Al menos en este mambo lo preguntan y responden por nosotras. Y sí, lo que queremos es bailar. Y divertirnos, como canta la Cindy Lauper en otra canción de mi adolescencia: «When the working day is done, oh, girls, they wanna have fun… I wanna be the one to walk in the sun…»2. Y que cada una decida lo que la divierte. Esa es la intención.

 

Escojo este mambo porque a esa niña su papá le dice que no. Y aunque quizá rían, como mis amigas cuando les planteo mi tesis, yo afirmo que este mambo habla del patriarcado. Las niñas, si quieren bailar, deben preguntarle a papá y papá dice que no, la mamá dice que sí y entonces se suelta la descarga. Y eso es lo que busca mi paseo (de dar pasos o sea de bailar) por las letras: una genealogía de mujeres que le dijeron sí a sus hijas. ¿Se acuerdan de las fiestas en las que el joven debía acercarse al padre y a la madre para pedir permiso de bailar con la chica? ¡Cuánto hemos avanzado muchachas! Y quizá por eso nos están matando y nos da miedo salir por las noches a bailar, a caminar, a trabajar, a enamorarnos, a pasear, a mirar, a zarpar, a poetizar, a construir e inventar, a marchar y gritar, a patear calles para demarcarlas, desviarlas, narrarlas y versearlas, a vivir pues.